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martes, 26 de diciembre de 2017

Las meninas (10).


¡¡Aaaah!! ¡El síndrome de Diógenes me acecha! 
Me la he encontrado en el cajón de donaciones (¿deperdicios?) de la biblioteca que más frecuento. 
¡Así nunca conseguiré reducir mi lastre de cintas de vídeo! 
Al menos intentaré justificarlo con un combate magnetoscópico contra otra cinta de El Bosco... o no, ya se verá. 

lunes, 11 de diciembre de 2017

Ubi sum?


Cuando ya rara vez me acuerdo del bloc, demasiado centrado en las redes ociales, la realidad me sugiere que lo retome haciéndome cosquillas en varias de mis manías:

-mi hermano menciona un gorila albino en una peli de animación actual; encuentro otro en "La guerra del planeta de los simios"; descubro a los dos peluches en un armario de la casa de mi madre mientras busco el árbol de Navidad. 

-consigo recuperar de un móvil desahuciado cientos de fotos de hace unos años; me parto de risa con una de mi sobrino debajo de un caparazón que hay en un parque de mi ciudad... ¡poniendo cara de tortuga! 

-topo con un vídeo muy pero que muy contemporáneo de/con/sobre... las meninas; por fin tengo todo lo necesario para capturar un minidocumento glorioso en VHS. Sólo falta encontrarlo entre todas las cintas. 

Así que añado otro propósito a la lista de Año Nuevo: cultivar con regocijo (algunas de) mis manías. 




P.D. 17 etiquetas para cinco líneas. Cuánto más viejo, más pellejo. Ay... 

lunes, 7 de diciembre de 2015

Cuarto propósito de enmienda.

Desde hace unos años sólo tengo una pesadilla recurrente: descubrir que no he acabada la carrera. Vale que me licencié  tarde, mal y a rastras, pero me licencié y siempre he tenido documentos que lo acreditan. Pero me faltaba uno: el título universitario oficial. El que podría enmarcar, el que debería fotocopiar y compulsar, el que mi madre me rogaba cada cierto tiempo que fuese a buscar. Trece años más tarde de lo debido decidí dedicar la mañana de mi 42 cumpleaños a ir a recogerlo.


Parka, tren y walkman 
para aderezar debidamente el ritual.  

Me lo entregaron en mi propia facultad dentro de un vulgar sobre de la Universidad sujetado con tres vueltas de goma elástica porque no les quedaban tubos adecuados. La funcionaria encargada de tan importante entrega (para mí) se permitió la chanza de decirme que si hubiese ido cuando debía me habría llevado el título en un tubo. En fin…

Tras una breve visita a una foto fui a hacerme otra, no sin antes parar en una papelería a comprar un envoltorio más solemne que el sobre blanco. Mi plan era recurrir a los servicios de un fotógrafo callejero bastante mítico de la zona antigua de Santiago para inmortalizar la ocasión y terminar de conjurar la pesadilla. Al no encontrarlo en su plazoleta habitual pregunté por él en un bar y me dijeron que esos días no trabajaba porque le estaban cambiando una válvula. Mi gozo en un pozo. Mientras me alejaba cabizbajo el camarero me dijo que podía hacerme una foto dos calles más arriba en un destartalado establecimiento de fotos de carné. Le di las gracias pensando que era una opción bastante cutre comparada con la del fotógrafo callejero.  Pero fui. Y menos mal porque nada más entrar descubrí que ese buen hombre se dedica también a hacer fotomontajes digitales compostelanos: con Botafumeiro, con Apóstol, con disfraz de peregrino… todo un abanico de maravillas.

Me decidí por el Apóstol, me hizo pasar a una recámara que metía miedo y en un pispás salí de la tienda encantado de la vida.  Después de un merecido café volví a casa son la satisfacción del deber cumplido y mi madre me hizo una tortilla perfecta para celebrarlo.


 Título recogido y foto conseguida. 
Lo de las pesadillas ya veremos.


lunes, 20 de enero de 2014

Lacoru te es así (19).


Hace dos años, un amigo que sabe de mi síndrome de Diógenes me preguntó si no tendría algún teclado grandote que no usase. En Lacoru hay un músico callejero famoso por la velocidad a la que interpreta versiones en la Calle Real corcovado sobre su teclado. El pobre aparato se había rendido tras innumerables horas de faena a la intemperie y el teclista no tenía otra forma de ganarse la vida.

Le conseguimos un teclado pero creo que nunca llegó a usarlo y sigue arrumbado en el local de ensayo que compartíamos mi grupo y el suyo (de mi amigo, no del teclista callejero) . 

Sólo recuerdo haber visto una vez al teclista fuera de la Calle Real. Los maravillosos Lili Films lo contrataron para animar en directo una proyección en súper 8 en el patio de la Fundación Luis Seoane. Fue una de las muchas veladas memorables que hemos disfrutado allí.

Hace cinco días, echando un vistazo a este álbum coruñita me encontré un par de fotos del músico. Nunca había visto ninguna foto suya y me alegré de que alguien lo hubiese fotografiado y compartido esas imágenes.
Y horas más tarde un amigo que vive en Vigo compartió en una Red Social un apunte en el que se transcribe una entrevista que se me había pasado por alto: 


Así pude ponerle nombre al pianista callejero y leer sobre su vida. Me quedé de piedra al enterarme de que había tocado y grabado con mi admirado Rosendo. Corrí a buscar vídeos suyos en youtube y encontré varios en los que aparecen tocando en Tocata. Ya había visto los vídeos pero no tenía ni idea de que en ellos aparecía José Manuel Portela. En este lo presenta en los últimos segundos:


El primer disco de Rosendo fue grabado en varios estudios europeos y los teclados los grabó un tal Andreas Schmidgen pero fue Portela quien se encargó de tocarlos en directo a partir de la edición del disco. Y en el disco “Fuera de lugar” los grabó y tocó en directo. 


Hurgando por la Red me he enterado de que en el 79 grabó una maqueta con el grupo de rock andaluz Mantra. Pese a que viajaron a Madrid para reunirse con varios sellos no llegaron a grabar ningún disco. Portela no menciona al grupo en la entrevista, quizá esa experiencia quedó arrinconada en su memoria como un fracaso. Pero la maqueta fue editada en 2001 en CD por la Asociación Cultural Arabiand Rock, dedicada a recuperar obras olvidadas del rock andaluz, y en ella los teclados de Portela vuelan muy alto. Aquí podéis comprar una copia digital. A ver si consigo un CD para regalárselo.

Sirvan estas letras como homenaje a los músicos callejeros, a los que les están poniendo las cosas aún más difíciles de lo que ya son.

Disfrutad del tema Acantilado con Portela a los teclados ¡y cantando! 

lunes, 23 de diciembre de 2013

Felices fiestas.

Estos chicos tan majos os desean felices fiestas.

No sé quiénes son porque la felicitación la encontró tirada una amiga en el suelo del Centro Comercial As Cancelas de Compostela, donde hay uno de esos fotomatones modernos que permiten hacer este tipo de montajes.
He colgado la foto en una de las Redes Sociales, así que si suena la flauta alguien reconocerá a los felicitadores.

jueves, 23 de febrero de 2012

Tercer propósito de enmienda.

C/ Dr. Fléming.
16-2-2012
7:45 AM

Tardé meses o incluso años en cumplir los anteriores propósitos de enmienda pero para este necesité sólo un par de horas... aunque no pude quedarme la foto. Evidentemente, algo tuvo que ver que esta vez estuviese dentro de la cartera de la madre de la retratada. Siempre había sospechado que ése era el origen de muchas fotos encontradas. Amor de madre.

sábado, 4 de febrero de 2012

Segundo propósito de enmienda (y 2).


Esta maravilla es una foto de otra foto dejada en la Luna por el astronauta Charles Duke.

No la conocía hasta que hace unos días el gran Xurxo Penalta la compartió en uno de esos inventos conocidos como “redes sociales”. Además hacía referencia a este fabuloso homenaje. 

Unos días antes, en la misma red, otra mente inquieta y brillante con querencia por el metraje encontrado, el material de archivo, las películas domésticas y demás filones por aprovechar compartió un enlace a yourlostmemories, un proyecto genial que pretende devolver a sus dueños/protagonistas películas caseras perdidas. 

Y todo ello unos días después de que uno de los protagonistas de cierto álbum familiar me contestase a un mensaje enviado mediante la misma “red social”. 

Publiqué el Segundo Propósito de Enmienda en junio de 2008 pero no me parecía apropiado intentar localizar a sus protagonistas en la guía telefónica y molestarlos llamando a su casa. Lo fui posponiendo y guardé el álbum en un rincón hasta casi olvidarlo. En julio de 2011 lo encontré de nuevo por casualidad y se me ocurrió intentar localizar a la familia en cuestión mediante la misma “red social”. Di con uno de sus miembros y le envié un mensaje contándole que tenía el álbum y estaba dispuesto a devolvérselo si les interesaba. 

Mientras esperaba respuesta, otro amigo tan inquieto y brillante como los dos anteriores compartió en la susodicha red mi colección de fotos de carné encontradas por la calle. Pocas horas después alguien identificaba a una de las protagonistas. Mensaje mediante, se mostró encantada de verse en la foto después de tantos años.

Fueron pasando los meses y me hice a la idea de que a la familia del álbum no le interesaba recuperar las fotos, que pensarían que quién era aquél chalado, etcétera.

Pero no. Su respuesta, recibida el día de Reyes de 2012, fue todo lo agradable y agradecida que se pueda imaginar: querían recuperar sus fotos, les hacía tanta ilusión como a mí devolvérselas.

Por si fuera poco, entre el hallazgo y la devolución me fui a vivir al barrio en el que había encontrado el álbum y resulta que mi enlace con la familia en cuestión vive al otro lado del parque. Dejé el álbum en la Asociación de Vecinos (que está en ese mismo parque) y las recogieron el mismo día. 

Es evidente que las “redes sociales” tienen muchos aspectos negativos pero como plaza virtual en la que encontrarse y compartir cosas con los vecinos no tienen precio.

martes, 10 de junio de 2008

Segundo propósito de enmienda.


Las fotos familiares pueden archivarse de muchas formas: totum revolutum, un álbum-batiburrillo, varios álbumes sobre acontecimientos concretos, etc, etc, etc. Mis favoritos son los miniálbumes de fotos de carné. En mi familia, como en tantas otras, son una tradición. Cada miembro puede contemplar horrorizado su propia decadencia o disfrutar malévolamente de la de sus familiares. Si añadimos que al fotógrafo suele importarle un pimiento que salgamos mejor o peor, que las fotos se realizan en un entorno neutro y que van a servir para identificarnos en alguna faceta de nuestra vida durante una temporada, cobran una importancia inquietante.

Cumplí el Primer Propósito de Enmienda el viernes 16 de mayo de 2008. El sábado 17 había quedado para cenar con unos amigos. El taxista se equivocó de dirección y me dejó a cuatro manzanas del bar en el que había quedado. En ese trayecto me encontré uno de esos miniálbumes familiares. Dentro, 26 fotos de carné de varios miembros de una familia.

Detrás de algunas de ellas figura el nombre del retratado y no parece difícil poder contactar con alguien de la familia para devolverle el álbum. Como las coincidencias nunca vienen solas, Luis me mandó ayer hace dos días este enlace. Continuará.
Composición de las 26 fotos
al 3 por ciento de opacidad.

viernes, 6 de junio de 2008

Propósito de enmienda (y 2).

Encuentren la diferencia.

Misión cumplida. El viernes 16 de mayo del año 2008 cumplí mi promesa de devolver esta foto a su lugar de origen. Armado con mi tubo de Supergén recorrí las orlas hasta dar con el hueco cuyo número y desconchones coincidían con los de la foto. Desgraciadamente, su nombre no figura en la orla. Supongo que a partir de ahora será siempre 36.

Adiós, 36, ha sido un placer.

lunes, 31 de marzo de 2008

Propósito de enmienda.

Mis robos se pueden contar con los dedos de una mano. Soy demasiado nervioso y me pongo aún más nervioso. Lo único que recuerdo haber robado durante mi infancia fue una baraja de la NBA en una papelería y la fechoría no compensó ni de lejos la taquicardia y los sudores.

Conozco gente experta que ha sacado un gran provecho de su sangre fría y ha salido siempre airosa pero, durante mi adolescencia, también viví una experiencia horrible: ver cómo un amigo era pillado in fraganti en unos grandes almacenes y conducido a uno de esas frías oficinas de las que tanto he oído hablar.

En cuanto a las fotos y el arte en general, soy un firme defensor de la apropiación. Yo mismo la practico con fruición en todas sus modalidades: por azar, metiéndome de cabeza en los contenedores de basura o, como en un par de casos, robando. Por lo que recuerdo, aparte de la baraja de la NBA, lo único que he robado son dos fotografías.

Una de ellas es la foto de una novia que tuve hace un millón de años. Se la escamoteé de la carpeta del instituto y, como la cosa no duró más que un par de meses, es la única foto suya que conservo. Una amiga común la vio hace poco y me dijo que sigue igual, así que no me atrevo a subir su foto por si me denuncia o su marido me da una paliza.

La otra sí me atrevo a mostrarla. Uno de mis pasatiempos favoritos durante mis (muchísimos) años de universidad era reírme de las fotos de los antiguos estudiantes que habían cometido la imprudencia de participar en la orla de su promoción. Ni que decir tiene que decliné amablemente seguir esa tradición. Lo más habitual era mofarse alegremente de los peinados de nuestros predecesores... obviando al mismo tiempo el desprecio que el mío provocaba en mis contemporáneos.

Pero también había fotos que nos llamaban la atención por otros motivos, especialmente la belleza y la fealdad extremas. En un rapto inexplicable e inexcusable, robé la foto de la que en ese momento me pareció la chica más bonita del mundo.

Y me he propuesto devolverla. No sé si el número que figura al dorso y mi pésima memoria me permitirán devolverla a su orla pero lo voy a intentar. El motivo "inconfesable" que se oculta tras tan noble acción es apuntar su nombre y buscarlo en Google inmediatamente.

Ahora sólo falta que me pillen con las manos en la masa, con el pegamento en la mano y con la conciencia culpable. "Tierra trágame" o "misión cumplida", proximamente en sus pantallas.